Enseñar privacidad a adolescentes sin hablar de privacidad

Un curso más, empiezo la temporada de charlas de Adama Web con centros escolares asturianos centradas en tres pilares fundamentales: identidad digital, búsqueda de información en Internet y seguridad informática. Aunque también las ofertamos a nivel privado, he decir que a nivel público hemos hecho un sold-out en toda regla gracias al interés y apoyo de la excepcional Oficina de Información Juvenil de Gijón. Se han reservado talleres hasta mayo (!!) fruto de que todos los centros repiten y de que la oferta de charlas sobre competencia digital para adolescentes es escasa, al menos como la entendemos en mi empresa.

Por supuesto los diversos planes del Ministerio del Interior que facilitan el acercamiento de la policía o la guardia civil al centro de forma gratuita para hablar de Internet siguen activos y aún siendo un gran labor, la experiencia me dice que centrar las charlas de este tipo en delitos y castigos deja de lado a un gran porcentaje de los chavales que probablemente nunca cometan una falta grave en Internet pero que sin duda necesitan orientación y formación en el uso de la red.

Pero el trabajo y la preparación de las charlas cada año es más complicada que el anterior. En 2013 hablar de privacidad a un adolescente sin partirse de risa es toda una hazaña. La Identidad Digital es mucho más que saber quién puede acceder a la información que publicas en Internet pero sin duda la privacidad es un pilar en cualquier charla de este tipo.

Después de que se rompieran la seguridad de Buffer, Evernote, Dropbox, de que el spam en Twitter empezara a campar a sus anchas, de que Facebook cambiara por enésima vez sus condiciones de uso y si nos ponemos apocalípticos, de que Snowden apareciera en todos los periódicos ¿cómo demonios le hablas a un adolescente de privacidad si la mayor parte de los adultos y las empresas no son capaces de lidiar con ella?

La respuesta corta es que no puedes. Tienes que cambiar el enfoque.

Hace 4 años cuando prácticamente sólo hablaba de Tuenti todo se reducía a las “opciones de privacidad”. Con toda la mala leche del mundo siempre me refería a ellas como “opciones de publicidad” porque para mí es primordial que los adolescentes entiendan que en el momento en que una información se guarda en un dispositivo que no es el suyo entran demasiados factores en juego como para considerar eso “privado”. Será más o menos público, pero yo jamás lo entendí como privado.

Normalmente acompañaba esa reflexión de la siguiente idea ¿cómo os sentiríais si todos los mensajes de vuestro Whatsapp fueran públicos? ¿Todo vuestro Tuenti y todos los DM de Twitter? Mientras veía caer las primeras gotas frías de sudor en los cuartodelaeso de la primera fila insistía en que no era cuestión de meter miedo sino de advertir que algo crucial para ti, algo verdaderamente importante, quizás no debe de estar almacenado en un dispositivo inseguro.

Esta ciencia ficción que les planteaba con el paso del tiempo y la proliferación de herramientas para comunicarse en la red ha dejado de ser una película de miedo para ser la cruda realidad. No se puede enseñar a un adolescente privacidad, sólo les podemos enseñar responsabilidad y madurez. Y eso es muy jodido de hacer en los 55 minutos que tengo con ellos.

Porque la clave no es tanto saber dónde depositas lo importante y lo crucial como reconocer qué es lo importante y qué es lo crucial. Una declaración de amor por DM es crucial con 14 años pero no lo es vista con 30. Una foto de borrachera quizás no parece tan importante con 14 años pero con 30 y más con la ley en la mano puede ser crucial.

Esa franja de edad entre los 14 y los 17 en términos de madurez es una auténtica locura. Siempre he dicho que aunque los 14 años se consideren la entrada “legal” a las redes sociales se da la paradoja de que muchos críos de 11 y 12 años tienen muchas más precauciones en Internet que “sus hermanos mayores”. A pesar de que por definición, en la adolescencia “todo” es importante y súper intenso la realidad es que el valor superior, la socialización con los amigos y la comunicación permantente con los iguales, se contradice con los valores en los que pienso que hay que educar: la calma, el silencio y la reflexión.

Si hablas de privacidad tienes que advertir de la ausencia de la misma, si hablas de socializar debes hablar del valor de filtrar las relaciones, si hablas de comunicación no te queda más remedio que hablar de lo que significa pensar antes de escribir. Todo esto mucho más complicado que decir “click arriba a la derecha, y marcar como privadas todas las fotos”.

El enfoque que hemos dado en mi empresa todo este tiempo y que creo que ha sido clave en el éxito de convocatoria de este curso es tan simple como que en lugar de decir “tenéis que dejar de hacer esto” hemos de decir “oye ¿sabéis que también podéis hacer esto otro?”. Si te preocupa que un menor lo único que haga es twittear aspectos personales dile qué más cosas puede hacer.

Canalizar los borbotones de creatividad y los impulsos de los adolescentes hacia actividades tecnológicas que requieran más reflexión como la programación, el tratamiento fotográfico, la creación de sitios web, la robótica, la edición de vídeos, etcétera creo sinceramente que es la clave para que sean más felices y libres.

Un año más no creo que tengamos adolescentes adictos al móvil, ni asilvestrados, ni inconscientes, ni mala gente o al menos no más de lo que era yo a su edad. Pero un año más la educación española se muestra incapaz de proporcionarles alternativas tecnológicas satisfactorias a esa hipersocialización de sofá que sin duda es necesaria y comprensible pero que en ningún caso se puede calificar de “competencia digital“.

El Rubius, tiene más de 4 millones de suscriptores en YouTube. El ocio de cualquier adolescente no se entiende sin dos pantallas. El e-mail es una herramienta del pleistoceno.

No le hemos hecho del todo mal estos años pero tenemos que ir refrescando el discurso y en 2013 hablar de privacidad ya no vale.

 

 

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Autor:Juan García

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