Internet: cómo hemos cambiado

Hace un par de décadas a mi madre le pusieron Internet en el trabajo mucho antes que en la mayoría de hogares asturianos pudieran acceder a la WWW. Mi madre, fascinada por ese nuevo mundo que se abría ante nuestras pantallas y como una persona apasionada de la información pública y abierta no pudo menos que compartir su entusiasmo conmigo y me llevó a su trabajo a navegar por la red. Es el primer recuerdo que tengo de Internet. Yo sentado en una silla a su lado haciendo clicks en enlaces y tecleando en la barra de direcciones del navegador las URL de páginas web que recomendaban las revistas que compraba en el kiosko de debajo de mi casa.

Como parte de la campaña “Cómo hemos cambiado” que celebra el 30 Aniversario de la adhesión a la Unión Europea (UE) me han pedido que escriba un artículo sobre algunos recuerdos que tengo de estos años de evolución tecnológica. La campaña pone en valor las mejores experiencias vividas por los españoles desde entonces y a mí me gustaría enfocarlo desde un punto de vista positivo y otro no tanto. Es decir, plantearnos al más puro estilo Black Mirror que en breves estrena su tercera temporada los retos de la red en el futuro y si estamos en el camino correcto. Lo haré desde un punto de tremendamente personal porque no me considero capacitado para hacer grandes reflexiones sobre el futuro de la robótica en los trabajos, los análisis de big data o los grandes retos de la privacidad de Internet.

Cuando echo la vista atrás (algo frecuente dada mi reciente paternidad) echo de menos lo enamorado que estaba la red. Creo que con el paso del tiempo me he ido desenamorando de Internet y eso me preocupa y es algo que espero cambiar también en mi nuevo trabajo. Recuerdo la emoción de navegar por OLGA buscando partituras de guitarra de Oasis o la excitación de ir con un par de amigos a un ciber a descubrir páginas dedicadas por entero a nuestras aficiones.

Recuerdo la primera vez que usé Napster. Trabajaba en un bar de los fines de semana pinchando música y aquello fue un antes y después, aunque tuviera que estar toda la noche descargando una canción. En ese sentido recuerdo también Audiogalaxy y Soulseek y llenar discos y discos duros de álbumes en una época en la que gente como David Bravo o Nacho Escolar peleaban por normalizar la situación.

Desde el punto de vista del ocio también recuerdo con pasión lo que supuso Lost para toda una generación de internautas. Como comenté hace un tiempo, Perdidos fue la serie que hizo explotar de forma masiva la descarga de series y de subtítulos y no sé qué habría sido de nosotros en la época dorada de las series de TV (Lost, Fringe, Dexter, Mad Men, Prison Break…) sin cosas como Bittorrent.

Recuerdo por supuesto mis primeras líneas de HTML (sí, con Comic Sans y marquesinas) y abrir los ojos como platos descubriendo cómo cualquier persona podía comprar un espacio en la red y compartir el contenido que le apeteciera. En el ámbito de las redes sociales y la comunicación por supuesto viví la época dorada del IRC que ahora deja alucinados a los más jóvenes y recuerdo resistirme hasta que no pude más a usar MSN Messenger porque me parecía muy estresante tener el ordenador todo el rato haciendo “ping, ping” cada vez que alguien te quería contar qué tal el fin de semana. MySpace nunca me interesó pero el Fotolog fue algo muy distinto. Allí estaban todos mis amigos y fue un ejemplo perfecto de lo que sería la web 2.0 antes incluso de que todos habláramos de la web 2.0.

Respecto al hardware recuerdo perfectamente la primera vez que tuve un iPhone entre mis manos, momento que como tantos otros dediqué a jugar a la bolita y el laberinto. Y recuerdo comprarme mi primer iPhone y mi primer Mac y entender de pronto por qué Steve Jobs era un genio.

Por supuesto recuerdo la revolución de los blogs, los Beers & Blogs, los EBE y las decenas de saraos en torno a Internet donde conocía a gente con intereses similares.

Pero con el paso del tiempo me cuesta cada vez más encontrar momentos que me emocionen. Creo que a nivel personal hubo un antes y después de la web 2.0 y los smartphones.

La web 2.0 pretendía democratizar el contenido en la red. Nosotros ponemos las plataformas y el usuario es el rey, el que decidirá que contenidos habrá en esas plataformas. Así de primeras no parecía una mala idea. Poder expresarse en la red y tener espacios propios sin necesidad de saber programar era algo que podía cambiar por completo los contenidos de Internet. Sin embargo creo que hay algunos aspectos que no nos paramos a pensar cuando la revista TIME sacó esta portada:

El primero era cómo estas plataformas iban a devorar la WWW. En el momento en que el usuario dedica la mayor parte del tiempo a navegar por estas redes las reglas de Internet no valen y las que cuentan son las de estas empresas que organizan y censuran contenidos escudándose en complejos algoritmos. Algo que era relativamente simple – yo creo un contenido, a una persona le interesa seguirme y de seguirme se enterará de mis nuevos contenidos – ahora parece una quimera. Bien porque las empresas están obligadas a pagar para que incluso sus clientes más fieles vean las novedades en sitios como Facebook, bien porque la infoxicación a través de Twitter o Instagram convierte tu contenido en una aguja en un pajar. Sencillamente me enamoré en su día de las páginas web y como escribió Wired ya hace 6 años en un artículo premonitorio la Web ha muerto.

El segundo era la forma en la que la vida personal de las personas iba a copar la generación de contenidos. Me sigue haciendo gracia hablar de privacidad cuando parece que el usuario medio lo que quiere es que su vida privada se difunda y tenga el mayor eco posible. En este mundo alguien que es especialmente celoso de su intimidad como es mi caso no sabe muy bien qué poner. Intento darle caña a Twitter pero la mayor parte del tiempo no tengo ni idea de qué poner en Facebook o Instagram. Parece que el lugar de aquellos que quieren poner contenido no-personal en la red es otro y residual.

En mi opinión estas dos cosas han perjudicado a medios de comunicación clásicos que ahora se centran en titulares clickbait y en anécdotas que inciten a perder 5 minutos de tu tiempo en algo que vas a olvidar los siguientes 5. Encontrar contenido de calidad en la WWW y en las redes sociales cada vez me cuesta más trabajo.

Por supuesto hay lugar para el optimismo. Me estoy aficionando a YouTube y cada vez es más fácil encontrar allí canales con un contenido de altísima calidad. Creo que tanto Netflix como la propia YouTube están poniendo a la TV tradicional contra la pared y veremos muchos cambios en este sentido en los próximos años igual que pasó con la industria musical. Por otro lado, el hecho de que el contenido de calidad no sea tan viral como hace unos años no quita para que la gente que lo escribe le eche incluso más ganas que hace unos años. En este sentido Medium se está convirtiendo en una referente y la importancia de la maquetación y los datos está llevando a secciones del periodismo a lugares muy innovadores como podemos ver por ejemplo en Polygraph o Quartz

Lo que está claro es que de cara al futuro tenemos que tener cuidado con el poder inmenso de Google y Facebook y su capacidad para transformar Internet. Más allá de sus hilos existen muchísimas personas con talento, creatividad y cosas que contar que son las que nos obligan a proteger los principios básicos de la WWW y la neutralidad de la red.  30 años dan para mucho y de verdad espero que en los próximos 30, los que lleven a mi hijo a ponerse en mi situación, sea capaz de entusiasmarse con este mundo tanto como yo.

 

3 Respuestas a Internet: cómo hemos cambiado

  1. Natalia octubre 22, 2016 en 3:23 pm #

    Fantástico artículo, Juan ? me ha parecido muy bonita tu forma de empezar en Internet, y algo atípica, al menos bajo mi punto de vista. Debió ser muy estimulante. En mi círculo somos los hijos quienes enseñamos a nuestros padres, y no todos se prestan a aprender.

    Hay una cosa que leo muchas veces y que dices aquí con la que no estoy de acuerdo: «el usuario es el rey». Una vez leí en un post de Miguel Floro «El contenido no es el rey. El usuario es, y siempre será el rey». Y desde entonces lo repito y tuiteo a la primera ocasión ? ¡Hasta le hice un canva! Hoy Isabel Romero contestó que si el usuario es el rey, el contenido es el Reino, y me parece una forma muy acertada de expresarlo.

    Por otra parte, es cierto que los nuevos canales audiovisuales están poniendo a la TV tradicional contra la pared. En mi opinión estos cambios beneficiarán al usuario. Con la llegada de la TV a la carta, solamente sobrevivirán los contenidos que escojamos. Como detractora (y no consumidora) de la TV tradicional, celebro estos cambios ?

    Y, por último, felicidades por tu reciente paternidad ? y por tu blog. Saludos

  2. Gonzalo marzo 3, 2017 en 3:36 pm #

    Que buenos recuerdos miles de webs en Geocities (que fácil era hacerse una web con el Frontpage o el Word guardando en HTML), los disquetes, la impresoras por puerto paralelo (que mal funcionaba el conector), montones de CD para guardar los datos y por supuesto el Messenger que pena me dio que desapareciese ahora uso Pidgin con Jabber pero no es tan conocido, al final uso más WhatsApp y el messenger de Facebook.

Deja un comentario