Desmontando “Salvados: conectados” y la adicción al móvil

nota: dada la gran difusión del artículo he añadido algunas precisiones al final para aclarar algunas ideas que quizás en su redacción original (que es la que sigue) no quedaban claras.

A veces un pequeño cambio en el orden de las palabras es suficiente para darnos cuenta de la barbaridad que estamos diciendo. Ante la afirmación “somos adictos a los móviles” gran parte de la sociedad asiente entre sonrisas. Sin embargo, ante la afirmación “los móviles producen adicción” la sensación no es la misma. La segunda afirmación suena algo más extraña y quizás exagerada.

Ayer domingo se emitió un nuevo capítulo de la duodécima temporada de Salvados con el título “Conectados” y el claim ¿Somos adictos al móvil? y desgraciadamente todo se construyó a partir de la primera afirmación porque lógicamente a partir de la segunda el programa se hubiera acabado al minuto de empezar. De hecho mi momento favorito del reportaje es ese en el que un psicólogo le dice a Évole:

“Todavía no está catalogado como adicción aunque nosotros lo tratemos como tal. Yo creo que si no es una enfermedad médica es una enfermedad social y creo que la mejor prueba es ver lo que hace el comportamiento social, lo que hace la gente día y a día y es estar con el móvil todo el rato”

Creo que el equipo de Salvados perdió una ocasión estupenda para hacer un programa innovador:

Évole – ¿Podemos hablar de adicción a los móviles?

Psicólogo – No, no podemos hablar de ella porque no está catalogada como tal.

Évole – ¡Y hasta aquí el programa de hoy! Os dejamos con Ana Pastor.

Pero no, el programa no se acaba cuando acertadamente el psicólogo dice que no existe una enfermedad médica (lo de las “enfermedades” sociales escapa a mi comprensión) que sea “ser adicto al móvil” sino que el programa sigue su curso hablando de cómo toda la sociedad y especialmente los jóvenes son “adictos” o “están enganchados” al móvil.

Descarguemos al psicólogo Masip de algo de responsabilidad dado que su empresa y por lo tanto su salario depende en parte de que la gente se crea que existe la adicción a las nuevas tecnologías la que según comentó en su día al ABC puede llegar a ser tan dañina y adictiva como el alcohol o el tabaco. Es como preguntarle a una empresa que vende medicamentos para tratar la hipersensibilidad electromagnética si el Wi-Fi es malo para la salud.

Cuando los medios de comunicación tocan temas pseudocientíficos (y la adicción a los móviles lo es) suelen caer en el error conocido como “cuartomileniarismo” consistente en presentar todos los puntos de vista sobre un tema para aparentar una mayor fiabilidad de las conclusiones. En la práctica esto es, vamos a hablar de si hemos llegado a la Luna y para que el debate sea lo más “científico” posible vamos a traer a dos personas que piensen que sí y a dos que piensen que no.

Este ejercicio de falsa tolerancia que me saca de quicio ni siquiera se dio ayer en Salvados donde no apareció una sola persona que dijera “no mira, que sepamos no existe adicción a los móviles y se puede usar la tecnología sin miedo a caer en una espiral de drogadicción”. Todo el programa se dirigió a reforzar ideas de barra de bar y lugares comunes. Lo primero es dar otra visión del tema.

Tengo pendiente hablaros del libro “Los nativos digitales no existen” pero hoy simplemente destacaré el capítulo sobre adicción a las TIC de Eparquio Delgado donde en unas pocas páginas aclara toda este tema. Un resumen de sus ideas lo podéis encontrar en un estupendo artículo de El Confidencial publicado justamente ayer. Destaco algunos fragmentos de ambas fuentes:

Aunque oficialmente no está reconocida la adicción al móvil como un trastorno real, se ha convertido en una expresión habitual en el lenguaje coloquial y los medios de comunicación. Y eso es en sí mismo un problema. “Una adicción es algo muy serio, que causa un enorme trastorno en la vida de las personas que la sufren, y aquí parece que estamos equiparando la heroína al móvil”, señala Delgado, que también subraya las implicaciones legales que tendría considerar el móvil un objeto adictivo: “Habría que etiquetarlo con advertencias sanitarias e impedir su uso por parte de menores de edad, como hacemos con el alcohol o el tabaco, ¿no?”. [El Confidencial]

Tampoco tiene mucho sentido justificar la existencia de la adicción a internet a partir de estudios que encuentran relación entre un mayor uso de internet y la presencia de otros problemas. Sus defensores argumentan que un mayor empleo de la herramienta se relaciona con depresión, timidez, soledad, problemas en las relaciones personales o de pareja, falta de sueño, problemas en los estudios y en el trabajo, desórdenes en la conducta alimentaria y adicción a sustancias. El problema aquí es el que siempre nos encontramos con los estudios correlacionales: podemos suponer que el mayor uso de internet provoca estos problemas, que la existencia de estos problemas conlleva un mayor uso de internet o que ambos aumentan como consecuencia de otras causas. Podemos asumir incluso que un uso problemático de internet pueda acarrear en ocasiones consecuencias de este tipo, pero seguiríamos sin explicar cuáles son las causas de ese uso problemático. Sabemos, por ejemplo, que entre los antecedentes de la «adicción a internet» encontramos la soledad y el aislamiento, así como la baja autoestima. ¿No sería más útil entonces atender a lo que provoca ese aislamiento y esa baja autoestima en lugar de fijarnos en lo que la persona hace para reducir su malestar? Yo pienso que sí. De hecho, eso es lo que hacemos (o deberíamos hacer) los profesionales de la psicología. [Los nativos digitales no existen – Deusto 2016]

Si queréis saber más podéis ojear este artículo de Antonio Crego que menciona dos estudios contundentes sobre este tema realizados en España. Como veréis por el contenido de todos esos textos ninguno de los que defendemos que no existe la adicción a Internet o a los móviles sostenemos que no haya ningún problema en el uso de la tecnología. Al contrario, lo que buscamos es desterrar ideas que no llevan a ningún lado para centrarnos en problemas que no tienen tanta visibilidad.

Cuando hablamos de adicción al móvil el primer dato al que acudimos es al tiempo que estamos con él. Jordi Évole confesaba con preocupación a Pablo Motos hace unos días que se había instalado una aplicación en el móvil que medía el tiempo de uso y que un día normal estaba 4 horas y los domingos 5. Tan consternado quedó que ha decidido dejar Twitter 2 semanas a ver qué pasa (spoiler: a ratos lo echará de menos, a ratos no. La vida seguirá su curso).

No sé en el móvil de Évole pero en el mío puedo:

  • Consultar la hora, poner temporizadores y alarmas
  • Consultar noticias
  • Ver vídeos
  • Escuchar música
  • Chatear y estar en contacto con mi familia y amigos
  • Jugar
  • Hacer fotos y vídeos
  • Tomar notas

¿Pero realmente es tan sorprendente que un profesional de la comunicación como Évole dedique 4 horas al día a todas esas cosas? A mí que una persona me diga que pasa 4 horas, 8 o medio minuto al día usando el móvil al día no me dice absolutamente nada. Si por el contrario Évole dijera que pasa 4 horas al día mirando pornografía en el móvil o 4 horas al día jugando a la ruleta americana a lo mejor la cosa cambiaba. Preocúpate menos del tiempo que tu hijo está con el móvil y más de lo que hace con él.

El segundo tema que me irrita es el de la edad recomendada para que un niño tenga móvil porque la pregunta está mal formulada. Me parece más correcto preguntar “¿Cuál es la edad correcta para que un niño use un móvil sin la supervisión de sus padres?” o “¿Cuál es la edad correcta para que un niño se cree una cuenta en Instagram?” y con todo son preguntas difíciles de responder. “¿Cuál es la edad correcta para que un niño salga a la calle?” es una pregunta igual de absurda y “¿Cuál es la edad correcta para que un niño salga a la calle solo?” es igual de difícil de responder porque depende de la madurez del niño, de la hora, de la zona en la que vivas, de lo que vaya a hacer en la calle, etcétera.

“Es que cuando le quitas el móvil se pone muy violento…” Pero vamos a ver ¿en qué momento hemos empezado a llamar síndrome de abstinencia a reacciones normales en un adolescente?. Yo echo la vista atrás y recuerdo que mi madre me castigaba sin jugar a la Nintendo desenchufando el cable, llevándoselo y mi reacción no era precisamente “tienes toda la razón madre, te agradezco profundamente lo que estás haciendo por mí”. Montaba un cirio, un par de voces, se me pasaba, nos amigábamos… lo de toda la vida. Pero jamás me dijo que fuera adicto a los videojuegos o me sentí como tal. ¿Vosotros cuando os castigaban sin salir con 15 años pegasteis algún que otro portazo en la habitación? ¿Erais por lo tanto adictos a salir con vuestros amigos?

El problema de la mayoría de charlas y conferencias que se dan sobre estos temas a familias es que se convierten en cámaras de eco. En sesiones donde los padres van a reafirmar lo que ya piensan gracias a escuchar cosas como “es que están todo el día con el móvil”, “parecen adictos porque se lo quitamos y no veas la que montan”, “es que se sientan en un banco y no hablan, se whatsappean”… y así salimos todos los de las charlas encantados de habernos conocido.

Cuando me monto en el tren o salgo a tomar algo por la noche me encanta fijarme en lo que hacen los chavales. Quizás os sorprenda pero aparte de estar con el móvil, hablan entre sí, bailan, ligan, se ríen y algunos incluso leen. Cuando doy charlas a niños y adolescentes consigo que me presten atención durante más de una hora y que no se distraigan incluso llevando el móvil encima. Al acabar la charla los que sacan inmediatamente el móvil del bolsillo son una minoría. En mi entorno cercano conozco decenas de personas de todos las edades con las que puedo hablar sin que saquen el móvil cada dos por tres. No hay una epidemia de adicción al móvil, creo que me habría enterado.

Eso no quita que haya que educar en la desconexión, la empatía y el autocontrol. Pero también hay que educar en la conexión.

¿Podemos entonces empezar a hablar de otras cosas? Como por ejemplo de que los casos de ciberacoso ronden el 30% entre los niños de 11 y 13 años [PDF]. Como de que habiendo casos de sexting que destrozan vidas seguimos vendiendo a los menores la idea de que se puede hacer “sexting seguro”. Como de que el consumo de información a través de redes sociales polariza y extrema las opiniones de las nuevas generaciones. Como de la drástica reducción de la edad con la que los chicos entran a tratamientos por ludopatía en relación a las apuestas online.

Y desde luego de ninguna de estas cosas es responsable la tecnología por sí sola aunque entiendo que culpabilizarla descarga de responsabilidad.

#### EDITADO a 21/02/2017 ####

El artículo ha tenido mucha más repercusión de la que esperaba ¡gracias! Dado que es la primera vez que muchas personas tienen contacto con este blog y con mi trabajo me gustaría matizar algunas cosas.

1) Llevo casi una década trabajando como formador en competencias digitales de niños y adolescentes. Sólo en los últimos 6 años y a través de mi empresa, Vakarian, he podido trabajar con más de 50000 menores temas de uso seguro y responsable de las TIC. He realizado labores de consultoría y formación para la Consejería de Educación del Principado de Asturias, la Universidad de Oviedo, la fundación CTIC y un sinfín de asociaciones, colegios e institutos públicos y privados. Soy perfectamente consciente de que existen problemas y riesgos relacionados con el uso de los móviles y me paso la vida tratando de reducir su incidencia en los jóvenes.

2) Veo totalmente compatible reconocer que existen problemas relacionados con el uso de los teléfonos móviles  y criticar el uso del término “adicción”. En este artículo simplemente me centro en combatir el alarmismo y la idea de que los adolescentes son “yonkis” del móvil que necesitan un tratamiento de desintoxicación igual que las personas que sufren adicciones a las drogas o al juego. Si queréis artículos que hablen de la parte negativa podéis navegar a través de los archivos del blog y encontraréis decenas de hábitos y transformaciones digitales que me preocupan a pesar de las cuales sigo creyendo en la tecnología como herramienta para formar ciudadanos más libres y felices.

3) Sin duda existe una discusión semántica sobre el término adicción pero no es baladí. A menudo se usa el término adicción en la sociedad (y así lo admite la RAE) como “una afición extrema a algo”. Así decimos que somos “adictos a las series” por ejemplo y del mismo modo usamos el “somos adictos al móvil” de una forma coloquial y no médica. El problema reside en que el programa de Salvados presenta esta adicción no como un término coloquial sino como un problema médico mostrando grupos de terapia, estableciendo comparaciones con drogas y hablando de síndrome de abstinencia por ejemplo. La gran mayoría de estudios científicos que he leído al respecto coinciden en que la confusión entre adicción, abuso y mal uso es habitual en la literatura sobre el tema y puede llevar a conclusiones equivocadas. En este sentido destaco las siguientes líneas del estudio Cell-Phone Addiction: A Review publicado por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (las negritas son mías):

We have reviewed problematic cell-phone use with criteria similar to those established for substance addiction or pathological gambling. While we have clearly shown that problematic cell-phone use is an emerging problem that is tightly linked to technological development, there is a lack of coherence and uniformity in the criteria for studying it that requires caution in accepting many of the conclusions indicated.

Undoubtedly, the greatest roadblock to research in cell-phone abuse is the diversity of terms, criteria, and constructs available in the field. Some researchers are convinced that we are facing an addiction unlike any other. In addition, a prudent attitude exists toward the classification of addiction. However, there is an almost indistinguishable or scantly differentiated use of the terms addiction, problematic use, and abuse in the literature. This only adds to the confusion and explains the great diversity of prevalence data in the field and lack of comparability; above all, this diversity of perspectives and lack of conceptual definition has led to studies with very diverse methodologies using samples of convenience, typically consisting of students of very limited size and number of sample points.

[…]

On the other hand, the majority of the studies have focused on the adolescent and student populations, a period of life where impulsivity and sensation seeking play an important role. Thus, we consider that the concept of cell-phone addiction cannot be extended to the population as a whole until additional data and studies on the adult population are available.

¿Y por qué es importante usar o no usar el término adicción? Cito el estudio ADICCIÓN A INTERNET Y MÓVIL: UNA REVISIÓN DE ESTUDIOS EMPÍRICOS ESPAÑOLES (Xavier Carbonell, Héctor Fúster, Ander Chamarro, & Ursula Oberst (2012):

Cuando se pregunta a los estudiantes universitarios sobre su adicción con una sola pregunta, el 16,2% se considera adicto a Internet y un 27,7% al móvil (resultados no publicados),
cifras muy superiores a las detectadas por los cuestionarios validados. Estos datos sugieren que los jóvenes son muy sensibles a la presión social y que se perciben a sí mismos como usuarios excesivos de estas tecnologías.

[…]

En opinión de los autores, describen un período de su desarrollo con fuertes necesidades de vínculos sociales en lugar de una verdadera adicción. Estas necesidades de comunicación encontraron respuesta en el teléfono (fijo, en la década de los setenta), el Messenger en la década de los noventa y en las redes sociales en estos comienzos de siglo. Entender esta comunicación en un contexto de desarrollo, en lugar de utilizar un marco patológico, proporciona una perspectiva más alentadora del papel de las nuevas tecnologías. En palabras de Estévez et al. (2009), en la adolescencia la necesidad de establecer nuevas relaciones y el sentido de pertenencia e identidad a un grupo son claves para el buen desarrollo en este período e Internet se constituye como un perfecto facilitador.

Muy interesante es también la lectura de Adicción o abuso del teléfono móvil. Revisión de la literatura EDUARDO J. PEDRERO PÉREZ, MARÍA TERESA RODRÍGUEZ MONJE, & JOSÉ MARÍA RUIZ SÁNCHEZ DE LEÓN (2012):

Una importante consecuencia de esta indefinición conceptual es que cada uno de los trabajos disponibles que estudian el fenómeno del uso excesivo de teléfonos móviles, al carecer de criterios consensuados, recurre a los criterios que considera más adecuados: los propuestos para la dependencia de sustancias, los que se corresponden con la categoría de trastornos del control de los impulsos, los más concretamente aplicados al juego patológico, los tentativa- mente propuestos para la adicción a Internet, los derivados de la propia experiencia clínica o del conocimiento cotidiano del problema, etc. Así hemos visto que han proliferado en la última década instrumentos variados que aportan resultados rara vez replicados por grupos ajenos a su creación. Y ello cuando no se opta, como sucede en múltiples ocasiones, por diseñar un instrumento ad hoc para el estudio proyectado, sin que interesen sus propiedades psicométricas. El resultado es una inconsistencia en los resultados y una heterogénea estimación de prevalencias, que oscilan entre el 0% y el 38% en las muestras estudiadas.

[…]

El móvil es, en el momento actual, una plataforma para acceder a múltiples aplicaciones, y se han descrito comportamientos adictivos a muchas de ellas. En ese caso, el móvil sería un vehículo para una multiadicción (suponiendo que el usuario mostrara comportamiento adictivo a varias de esas aplicaciones simultáneamente). Sin embargo, la adicción al móvil, entendida como una adicción comportamental en sí misma, debería tener rasgos diferenciales con las otras adicciones comportamentales, ya que de otra forma no tiene sentido hablar de adicción al móvil. Dicho de otro modo, si alguien utiliza el móvil para jugar podría convertirse en adicto al juego -no al móvil-, si es adicto a Internet no quiere decir que lo sea al móvil, porque su comportamiento de navegar por la red será similar (probablemente más intenso) cuando permanezca delante de un ordenador, y así, una a una, para todas las demás aplicaciones

Si buscáis revisiones sobre el tema más recientes veréis las mismas ideas: ¿se puede uno hacer adicto a algo concreto a través del móvil? Por supuesto que sí. ¿Significa eso que podamos hablar en general de adicción a los móviles en general? Eso es tremendamente discutible a no ser, insisto, que lo utilicemos en una conversación como quien dice “soy adicto a Netflix”.

4) Me encanta Salvados y admiro y valoro el trabajo de Jordi Évole y su equipo como he dicho en varias ocasiones en Twitter y en otros medios. Parece que vivimos cada día más en una sociedad polarizada donde uno debe pensar por “paquetes” y o está con algo o contra él. Hay Salvados que me gustan mucho, otros que me entretienen y otros que me parecen sesgados o que inducen a error como es el caso de este último. Sin ir más lejos, en las charlas que doy sobre ciberseguridad a los adolescentes casi siempre pongo los primeros 15 minutos del programa de Salvados “Nos espían” en el que interviene el gran Txema Alonso y que podéis ver en YouTube.

45 Respuestas a Desmontando “Salvados: conectados” y la adicción al móvil

  1. rocio perez garcia febrero 20, 2017 en 1:39 pm #

    Gracias por el artículo Juan, cada día tengo que escuchar que soy adicta al móvil porque tengo cuenta en las principales redes sociales y una cuenta de correo. Les da igual que lo que haga sea subir recomendaciones o informarme de la actualidad. Lo confieso si me aburro me distraigo con él, es tan malo, hago deporte, tengo mascota, trabajo, llevo mi casa, tengo amigos, voy a la biblioteca etc etc se juzga muy fácil a los que creemos en el progreso. Con todo y con eso la primera parte del artículo para mi representaba demasiado la justificación de tu postulación. Me ha gustado más la última parte.

  2. a febrero 20, 2017 en 2:35 pm #

    Hecho la vista atrás
    UFF

  3. Carlos febrero 20, 2017 en 2:52 pm #

    Pues los síndromes de abstinencia, tanto en adolescentes como en adultos, son por ejemplo, reacciones violentas en cuanto se les priva de algo a lo que están acostumbrados, sea en consolas, en ordenador, en móvil, en tabaco, en alcohol…Creo que no tienes razón, por muy bien argumentado que esté tu artículo, y hay ejemplos de muchos psicólogos, y docentes que avalan los argumentos contrarios a los tuyos. Otra cosa es querer reconocer adicciones como tales, cuando somos nosotros mismos los que las practicamos, allá cada uno con su conciencia…

    • Pobrecito Hablador febrero 20, 2017 en 6:44 pm #

      No has leído el artículo. Parece que solo sabes comparar el uso del móvil y el ordenador con el alcohol y el tabaco. Como ha dicho el autor, vas a encontrar las mismas reacciones desproporciondas en un adolescente al que se le castiga sin televisión o sin salir con los amigos y, obviamente, en la tele no te van a decir que ese comportamiento es propio de adictos a la televisión o a estar en la calle.

      • María febrero 21, 2017 en 9:18 am #

        No es cierto. El cabreo que nos producía como adolescentes que nuestra madre nos castigara sin salir, era eso….enfado, rabia, ira, ….. La reacción de un adolescente actual al que se le priva de whatsapp, es una reacción de ansiedad de manual.

        • Laura marzo 9, 2017 en 9:48 am #

          Tienes razón en tu comentario, pero tú misma recalcas una de las partes que yo considero más importantes de este artículo. Hablas de un adolescente al que le privas del Whatsapp. Dale a un adolescente la forma de que se conecte a esa aplicación y que no sea desde el móvil, verás que no tiene problema de ansiedad si se lo quitas. Por tanto, estamos hablando de una “adicción”, si quieres llamarlo así, a una aplicación, no al móvil, que sólo sirve de medio para esa aplicación.

  4. jander febrero 20, 2017 en 5:40 pm #

    xD menudo articulo hater

  5. Elena febrero 20, 2017 en 7:04 pm #

    Muy interesante el artículo, pero no he podido evitar que me salga un poco la vena neurocientífica mientras lo iba leyendo.
    Lo que dice el psicólogo de que la adicción al móvil “no está catalogada como tal” no sé si se refiere a que no está en la última versión del DSM (manual de enfermedades mentales) o a qué. De todas formas, la adicción es una enfermedad que puede tener su foco en cualquier cosa – alcohol, heroína, sexo… y el móvil, por qué no – Según la adicción, se derivarán otro tipo de riesgos (ser adicto al móvil me atrevo a decir que no llegará nunca a causarte cirrosis, por ejemplo) pero lo que ocurre en tu cerebro, sin meterme en detalles, son mecanismos comunes a las adicciones. Tu artículo habla de la histeria colectiva de llamarlo adicción. De verdad creo que hay gente que sí es adicta, pero que no es la mayoría. Es un poco como la gente que dice “soy adicto al café” y lo único que hacen es tomarse un Frappuccino en Starbucks de vez en cuando (igual es más adicto al azúcar, pero esto es otro tema). La adicción como cualquier otra enfermedad mental es un asunto delicado, y la sobrediagnosis (creo que esta palabra me la he sacado de la manga, pero me entiendes) es algo que también ocurre. Tendemos a ponerle etiqueta a todo, y especialmente cuando con enfermedades mentales es todo un sindios. ¿Cuánta gente se autodiagnostica OCD, o depresión? Estoy de acuerdo contigo en el final del articulo, y es que el problema yo creo que no son los móviles o el acceso a internet. El problema es que no tenemos ni puta idea de cómo usarlos.

    • Juan García febrero 20, 2017 en 7:49 pm #

      ¡Gracias Elena! Efectivamente cuando se dice que la adicción a los móviles no es una enfermedad médica la referencia entre líneas es a que no está en el DSM 5 ni en el CIE.

      Entiendo la discusión semántica y que hablemos de adicción como “afición extrema a algo” (RAE) pero el problema reside en que cuando los medios tratan la adicción a los móviles lo hacen con connotaciones médicas no como cuando hablan de “adictos a las series”. Se habla de adolescentes enfermos que necesitan un tratamiento al mismo nivel que un ludópata o un cocainómano lo cual me parece una barbaridad. Y ojo, lo que es una barbaridad no es decir que necesiten un tratamiento sino decir que es por el móvil.

      Por supuesto que la dopamina tiene mucho que ver con toda esta historia (hablé del tema en otros post) pero este artículo en concreto es para desmitificar un poco esa supuesta epidemia de adictos al móvil o como bien dices, la sobrediagnosis :-)

    • Alex febrero 21, 2017 en 12:43 pm #

      Efectivamente Laura. Estoy muy de acuerdo contigo.
      Además creo que es muy importante que a pesar de no estar catalogada en el DSM ni en el CIE se levanten alertas al respecto.

  6. chrisbaumgr febrero 20, 2017 en 7:25 pm #

    Chapó.

  7. Paco febrero 20, 2017 en 7:33 pm #

    La adicción al móvil no va por pasarse muchas horas trabajando, navegando o chateando con el móvil, sino por pasarse 16 horas al día con él, no ser consciente del mundo que te rodea, etc. El del artículo no se ha enterado del tema, suena más a lo que dice un usuario arriba, a “hater” del programa.

    • Juan García febrero 20, 2017 en 9:53 pm #

      En absoluto. Me encanta Salvados y así lo he manifestado en repetidas ocasiones en Twitter (por ej https://twitter.com/blogoff/status/80686353460887552) Tú mismo estás diciendo que la adicción no depende de las horas sino de lo que se haga en ellas así que no estamos tan en desacuerdo.

      • María febrero 21, 2017 en 9:23 am #

        Pues permíteme decirte….no depende ni del número de horas ni de lo que hagas en ellas. Cualquier adicción depende de la reacción ante la retirada del estímulo adictivo. Y que la retirada del móvil a la mayoría de adolescentes (y a muchos adultos) les produce ansiedad, es incuestionable.

  8. Valentina febrero 20, 2017 en 10:18 pm #

    Gracias por el artículo, muy interesante.

  9. luis febrero 20, 2017 en 11:07 pm #

    Buen artículo, gracias por la perspectiva. Sin embargo considero que a la hora de argumentar tu posición con respecto a la adicción te basas es hechos totalmente subjetivos que te han sucedido a ti o que responden a tu entorno. No creo que sea la mejor forma de defender tu postura, sobre todo cuando alegas falta de rigor a la hora de catalogar el problema como una adicción. Utilizas el mismo argumentario (no en todo el artículo por supuesto, pero si en gran parte de él) que utilizan aquellos que criticas. Un saludo.

    • Juan García febrero 21, 2017 en 8:42 am #

      Hola Luis. Gracias por tu comentario. Efectivamente el enfoque que doy al texto (y en general a casi todos los míos) es muy personal pero esa experiencia personal se apoya en que a lo largo de los últimos 7 años he formado a más de 50000 menores asturianos en el uso seguro y responsable de las TIC. Por otro lado a la parte más científica de la argumentación se puede llegar a través de algunos de los enlaces del texto aunque dada su difusión quizás lo edite en el futuro y añada directamente enlaces a estudios que rechazan el término adicción para esta historia.

      • luis febrero 21, 2017 en 9:00 am #

        Gracias por tu respuesta. Me refiero a que el tono personal que le das al artículo lo basas en hechos personales de tu juventud o de cuando vas en el tren, y ese es el tipo de argumento al que apuntaba con mi comentario. Por supuesto que tu experiencia profesional y personal en el ámbito del uso de las TIC puede aportar mayor peso al debate, pero no creo que sea necesario acudir a los ejemplos que te menciono ya que podemos caer en el mismo error (por ejemplo, alguien puede decirte que observa a jóvenes no levantar el ojo del móvil en una comida o que su hermano jugaba a escondidas a la Nintendo). Espero haberme explicado mejor en esta ocasión. El resto del texto me parece interesantísimo y de mucha ayuda. De nuevo, gracias.

  10. P. Largo febrero 20, 2017 en 11:22 pm #

    Buenas noches, Juan.
    Me ha parecido interesante todo el artículo en general. Y, en especial, esa pregunta lanzada al aire de culpabilizar a la tecnología, como si la tecnología no tuviera nada que ver con la civilización humana. Respecto a si se puede considerar una adicción, se suele medir en la forma en la que la “adicción” interfiere en la vida laboral, familiar, laboral o personal del individuo. En una adicción se roba, miente, agrede a otras personas para acceder a la droga. O también, a pesar de verse el individuo físicamente demacrado y saber que la droga es perjudicial en grado extremo para su salud, la sigue consumiendo (algo que se observa en el tabaquismo muy comúnmente). Por otra parte, se atienden dos factores respecto a la sustancia: tolerancia y síndrome de abstinencia.
    Ya por último, solo me queda una cuestión en el aire; ¿cómo se mide la autoestima para determinar si ésta es baja, alta o inexistente?

    Muchas gracias, atentamente, P. Largo

  11. M.A. Garcías febrero 21, 2017 en 7:41 am #

    Muy buena reflexion, aunque a falta de contrastar las afirmaciones de los “expertos” del programa de Évole, mi experiencia es que independientemente de que exista una adicción patológica (o sea clínicamente catalogada) a los móviles o la tecnología en general (igual que en su tiempo se decía de la televisión, que estas historias no son nuevas) sí que existe (no sé si el término es clínicamente correcto) una dependencia, hasta el punto de que hemos organizado mucha parte de nuestra vida alrededor de lo que podemos hacer con esa tecnología.

    Como profesional de la tecnología (soy desarrollador de videojuegos para móvil, así que sé de lo que hablo) puedo atestiguar que no solo existe un cierto nivel de “adicción” (de nuevo, no hablo de patología, solo de cierta compulsión a estar permanentemente conectado) hasta el punto de que los propios fabricantes (mi empresa incluída) cuentan con ella y hasta la explotan con fines comerciales, analizando tendencias de uso para maximizar el “engagement” de los usuarios – el término es de uso común en la industria. Cambia “adicción” por “engagement” si no quieres usar un término clínico, y el Salvados tiene más sentido (obviando el tono alarmista, que estoy de acuerdo contigo en que no hacía falta).

    En lo que estamos completamente de acuerdo es en el error de echar la culpa de esta adicción / engagement al móvil y no al usuario, sus problemas, su educación y su entorno. Dicho esto, los que sufrimos la epidemia de mala educación de la gente que no sabe dejar el móvil a un lado tenemos la opción de educarles nosotros mismos – en casa obligamos a las visitas a dejar el móvil en una bandeja a la entrada. Ya te digo que como alguien que ha conocido las épocas de “adicciones” al teléfono (al de casa, recuerdas cuando la gente se pasaba horas “enganchada”?), a la televisión, a los videojuegos y ahora a los móviles, sé que hablar de esto ahora es una tendencia, y que luego será otra cosa. El problema no son los móviles, como no lo era antes la televisión, el problema es que mucha gente tiene vidas vacías y las llena con lo que tiene a mano. Como toda la vida, vaya.

    • Juan García febrero 21, 2017 en 8:51 am #

      Hola! Muchas gracias por tu comentario. Que existen patrones de consumo del móvil problemáticos casi nadie lo niega, yo menos. De hecho en el blog tengo decenas de artículos hablando de estas cuestiones como por ejemplo:

      http://www.blogoff.es/2015/09/24/pendientes-de-compartir-en-redes-disfrutamos-menos-el-momento/

      Pero este artículo concreto como bien aprecias tiene como objetivo combatir el tono alarmista de “hay una epidemia de adicción a los móviles” que provoca que en ocasiones se trate como enfermos a adolescentes que hacen un uso absolutamente inofensivo del móvil y que se enmascaren otros problemas (los que menciono en el último párrafo) como fruto de esa adicción cuando creo que la solución para los mismos pasa por una mejor educación.

      Releyendo el post puede que el Salvados parezca peor de lo que fue porque alguna cosa buena sí que salía por ahí (por ejemplo el profesor del colegio de casi el final que sonaba muy razonable) pero como digo el tono pseudocientífico me saca de mis casillas y creo que merece una respuesta contundente.

  12. Pedro febrero 21, 2017 en 7:52 am #

    Que sea o no una adicción me preocupa menos que ver a todo el mundo pendiente de la pantallita en el metro, en una cola, en un bar o andando por la calle. Creo que la interacción directa con la realidad (otras personas, la calle, las cosas del entorno) es valiosa y el problema, según yo lo veo, es cuando la proporción relativa de esta interacción directa disminuye demasiado. Pero no es ese el problema que aquí se plantea, más de fondo: por qué causa se hace tanto uso del móvil cotidianamente…

    • Juan García febrero 21, 2017 en 8:55 am #

      Hola Pedro. Gracias por tu comentario. Entonces estamos de acuerdo. Como menciono más arriba no es incompatible decir que los móviles no generan adicción y que no hay que tratar a los adolescentes como yonkis con valorar el modo en que los teléfonos móviles han transformado nuestra sociedad. De todos modos es difícil hacer juicios absolutos. Ahora mismo yo voy en el tren conectado respondiendo tu comentario y justo al lado tengo una chica que va leyendo un libro y justo delante otra persona con un móvil, otro mirando por la ventana… lo que no se puede caer es en la exageración y el alarmismo pero claro que estoy de acuerdo con que a veces la gente debería dejar el móvil a un lado para disfrutar del momento (puedes leer sobre eso en http://www.blogoff.es/2015/09/24/pendientes-de-compartir-en-redes-disfrutamos-menos-el-momento/) . No es incompatible ese pensamiento con este artículo.

  13. José María febrero 21, 2017 en 9:37 am #

    Sin tanta reflexión como haces tú (y que me parece estupenda), viendo el programa de Salvados pensé lo mismo. El asunto no es de cantidad (horas de uso) sino de calidad (qué se hace con él). Me gustó cuando estaba hablando en el bar con el que se consideraba un adicto al móvil y metieron en la conversación al que estaba usándolo profesionalmente. Son usos distintos, y el segundo también tiene sus desventajas (carecer de espacios de privacidad en los que el trabajo no domina nuestra vida), pero el asunto no es la presunta adicción al móvil, sino la sumisión al trabajo.
    Yo utilizo el móvil para estar conectado con mi familia y para leer periódicos (además de como simple teléfono), y no necesito calcular el tiempo que le dedico cada día, porque no creo que haga un uso nocivo para mí.

  14. susana febrero 21, 2017 en 9:59 am #

    Gracias por tu artículo Juan.
    A ver si la gente no se queda con los titulares de estas cosas, una vez más.
    Te dejo con un artículo que escribí hace un año, que sin tener la exactitud ni el rigor del tuyo, aporta el punto de vista, en tono de humor, de una madre a la que todo el mundo considera adicta al móvil y no es más que una autónoma a la que no le da la vida, y el móvil ayuda más de lo que parece… y que lógicamente soy yo misma ;)

    Perdón si parece spam, es por aportar mi punto de vista:

    Sobre la adicción (o tal vez no) al móvil de una madre:
    http://mimamatieneunblog.com/carta-a-jennifer-lawrence/

  15. Chema febrero 21, 2017 en 1:12 pm #

    Aún recuerdo cuando mi abuela tuvo adicción a la luz eléctrica y lo peor ¡a la lavadora! dejó de lavar en el río en invierno para quedarse en casa viendo el bombo dar vueltas y vaya cómo se enfadaba si se iba la luz y no acababa la colada. Y ahora ya en serio, a veces miramos el móvil como defensa, como excusa, como aislamiento al igual que el que viaja en coche por no ver a otros en el transporte público , estudia en el parque por estar solo o deja de ir a reuniones familiares. También el que se deslumbra con la tecnología ( servidor) y recuerda ver a gente en la ducha con un walkman y también que gusta de presumir de tecnología cara aunque apenas la sepa usar. Yo despierto y miro el móvil, a veces ya me han llegado avisos de los madrugadores que son interesantes, repaso redes y emails y listo. Y sí el uso diario que hago es alto pero diría que estoy más preocupado por estar en red que por tener la red en el móvil: En adolescentes…antes todos queríamos una bicicleta, recuerdo que me robaron una y el disgusto fue de aupa, digamos que en cada momento hay formas y herramientas de ocupar el ocio que ayudan a pertenecer al grupo y el móvil es una de ellas ( una porque consolas de juego son más deseadas). La cuestión no es solo si la herramienta puede ser nociva por su fin, sino si ese fin es nocivo por si mismo, porque acceder a redes se puede hacer desde muchos más dispositivos y evadirse o buscar intimidad ya desde infinidad.

  16. oskar febrero 21, 2017 en 1:13 pm #

    mmmm… no sé, este tipo de programas no creo que busquen la profundidad del tema (de ninguno) sino más bien instalarlo en twitter, en la mesa del bar del día lunes, y en el mejor de los casos (en este caso): la mesa de casa, en la que los padres no saben bien cómo afrontar ciertos temas como la adicción o el uso de los móviles entre sus hijos y los amigos de sus hijos.
    y creo también que en alguna medida, instalar este tipos de temas permite que otros tantos elaboren y desarrollen opinión (como en tu blog) y la gente comente, debata y aporte.

    al final, puede ser que este programa no aporta soluciones ni profundidades, pero permite abrir puertas y ventanas hacia otros sitios donde sí se busca profundizar… profundizar o como quizás pase con este blog tuyo / este post tuyo, el equipo de évole o el propio évole, apunte tu nombre y empresa, y te llame para participar en otro programa (que será calificado -posiblemente- de poco profundo por otro/s especialista/s y colegas intentando aportar eso… profundidades).

    al final todo es útil, eso sí… para aquellos a los que el tema (el que sea) le despierte curiosidad (o ansiedad!).

    al margen de esto, totalmente de acuerdo con la vanalización del término “adicción”, pero no sólo en este programa sino en cada medio, cada editorial, cada publicidad, etc…

    • Juan García febrero 21, 2017 en 1:22 pm #

      Gracias oskar. Sin duda que se abra debate es bueno y a mí mismo me vale para reflexionar, buscar más información y escuchar otras opiniones. Como digo en la edición del post, Salvados pone muchos temas encima de la mesa y eso siempre lo he valorado.

  17. David febrero 21, 2017 en 1:24 pm #

    No me ha gustado nada el articulo …. quien no quiera ver que la sociedad se esta deshumanizando con las nuevas tecnologías es que está ciego…. Por supuesto que genera adicción, como las consolas y los videojuegos… El problema no es el correo …. o una red social …. el problema es la gente que tiene el “Síndrome del F5” que necesitan estar constantemente sumergido en los mundo que se ha generado con su móvil …. llámese redes sociales , llámese Candy Crush Saga o Clash of Clans…… Créeme si te digo que hay gente que puede dejar de echar un polvo por que tiene “que atacar” en una guerra del COC…. Yo tuve una temporada muy enganchado a la play3 con el Call of Duty …. y tuve que vender la consola , en contra de mi propia voluntad, porque sabia que tenia un problema muy gordo …. Un grave problema que en este articulo se desmiente …. ” no existe adicción” …. Yo creo que si que existe …. y evidentemente … es correcto … el móvil no genera adicción … un movil para llamar y recibir llamadas no genera ninguna adicción … son los contenidos adictivos del móvil lo que la genera …
    En fin , termino que solo quería decir que no me gustaba el articulo y me he enganchado.

    Terminaré diciendo que me pone negro ir con compañeros de trabajo y sentarnos a tomar un café … y que sea como tomar un café con la pared , es tan frustrante ….. Y por otro lado .. tengo sobrinos que no pueden interactuar con la gente si no es poniéndoles los videos del youtube o las mierdas del móvil… no se como saldrá esta generación “móvil-dependiente” Me da pena

    • Juan García febrero 21, 2017 en 1:29 pm #

      Siento que no te haya gustado porque en realidad estamos muy de acuerdo en cosas. Tú mismo dices que el móvil no genera adicción pero que uno puede ser adicto a “algo” a través del móvil y esa diferencia tiene muchas implicaciones. Tú no eras adicto a la play o incluso a los videojuegos en general sino que te sentías adicto al COD en particular y como digo en el artículo la ludopatía a través de la tecnología por supuesto que existe, que se puede tratar y que se debe reconocer (y ya se hace) como problema.

  18. Alfredo R. Cebrián febrero 21, 2017 en 3:25 pm #

    Totalmente de acuerdo, decir que hay adictos al móvil es como decir que hay adictos a la jeringuilla… es verdad que para un ludopata el móvil es como llevar la jeringuilla cargada en el bolsillo todo el día… pero no es la tecnología si no sus usos particulares los que deberían ser analizados, y no es sencillo, como se apunta en el artículo.

    Lo que claramente pone en evidencia el móvil es que las personas nos encontramos en demasiadas ocasiones en sitios que no queremos estar realmente, con personas con las que probablemente no nos apetece estar o haciendo cosas que, de nuevo, no nos apetece hacer. Y ahí está el móvil para conectarnos con los, sitios, las cosas y las personas con las que realmente nos apetece estar… esto es una posible evidencia sobre el estilo de vida actual, pero el fondo del problema quizá está alejado de la tecnología, ésta solo lo ha evidenciado.

    Otro aspecto que puede estar poniendo en evidencia la tecnología es un exceso de competitividad social y de ego, donde el disfrute de un momento concreto es inferior al disfrute de compartirlo y así posicionarnos socialmente y competir en una escala de “nivel de vida aparente”.

    Otro aspecto que me ha llamado poderosamente la atención es ver como a los medios les llama tanto la atención el uso del móvil y nunca lo comparan con las horas que se pasan delante del televisor en un entorno cerrado, sesgado y totalmente unidireccional (tiene muchas características mucho más similares a una adicción o droga que el móvil en si…). O como se llama la atención a un joven que está interactuando con sus amigos vía móvil para que deje el móvil y “venga a estar con la familia para ver la televisión”. ¿Cómo puede indicarle un adulto que pasa grandes cantidades de tiempo delante del televisor a un joven que deje de comunicarse con sus amigos vía móvil?…

    En fin, simplificaciones peligrosas y sesgadas que evitan profundizar en los problemas reales para darles soluciones eficaces. El móvil es una herramienta poderosa, como una jeringuilla que puede ayudar a solucionar enfermedades o puede ser una herramienta del infierno, como un vehículo o como la luz eléctrica… eduquemos personas con actitud crítica, con visión, confianza, valores cívicos… y veremos que uso hacen “del móvil”.

  19. Alfredo J Ramos febrero 21, 2017 en 3:47 pm #

    Que una práctica social como FB haya conseguido extenderse, en sus pocos años de vida, a más de una quinta parte la población mundial tal vez no pueda considerarse, en término psicológicos, de adicción. Pero en términos bilógicos es algo muy parecido a una plaga. No hay que olvidar, además, que el medio es el mensaje. Mucha gente vive en su móvil. Basta con ir por la calle con los ojos abiertos para percibirlo. O ponernos ante un espejo en momentos como este. El propio artículo es una prueba: casi todas sus salidas y referentes son endogámicas: remiten a algo cuya obtención o comprobación es casi imposible sin el móvil. Está bien la racionalidad, pero es peor la ceguera. Con todo, se agradece el esfuerzo antitópico. La duda por sistema.

  20. Alfredo J Ramos febrero 21, 2017 en 4:01 pm #

    Lamento las erratas de mi escrito. Aunque creo que son todas ellas subsanables, pero por si acaso:

    de adicción = una adicción

    bilógicos = biológicos

    endogámicas = endogámicos.

    Saludos

  21. Joaquim febrero 21, 2017 en 6:45 pm #

    No comparto demasiado la interpretación del programa que haces en tu artículo. Que se invite a la gente a preguntarse hasta qué punto hace un correcto uso del móvil (y obviamente la adicción patológica sería un mal uso evidente) no me parece algo desacertado; al contrario, creo que existe escasa consciencia al respecto.

    Por citar algo que me llamó la atención de tu artículo y que entiendo que no es cierto:

    “no apareció una sola persona que dijera “no mira, que sepamos no existe adicción a los móviles y se puede usar la tecnología sin miedo a caer en una espiral de drogadicción””

    En tu propio artículo explicas que el propio psicólogo fue quien dijo “que sepamos no existe adicción a los móviles” (dijo que clínicamente, “oficialmente”, todavía no se la reconoce como tal) y creo que en el programa se dijo en varias ocasiones (creo recordar que lo dijo el propio psicólogo, Évole, y el propio Bauman también) que no se debe renegar de la tecnología, y que bien usada es de gran utilidad. Por tanto, tal como da a entender el programa, obviamente que un uso adecuado es posible sin “caer en una espiral de drogadicción”.

  22. Alfredo febrero 22, 2017 en 7:51 am #

    En cuanto a la interpretación que haces del programa no estoy tan de acuerdo, se dice que es adicción por el mal uso que se le da a la tecnología, claro que puedes usarlo pero comunicarte con tu propia pareja en la misma casa con el telefono? que no exista de manera oficial la adicción no se debe rebatir que existe esa adicción.

    PD: Escribes Txema Alonso y pones el link a youtube donde claramente pone Chema.

  23. Daniel febrero 22, 2017 en 8:47 am #

    Hola,

    Me parece un artículo interesantísimo: bien escrito, argumentado, sin ataques personales… impecable.

    Muchas gracias por escribirlo.

  24. Andrea Núñez Fernández febrero 22, 2017 en 9:21 am #

    Me encanta este artículo! Da perspectiva y aporta mucho, pienso que todo usado en su justa medida tiene beneficios y aporta valor, hoy en día el móvil y otras herramientas digitales, acercan al mundo, a los humanos, crean conexiones, entre otras ventajas. Todo esta como utilizas tu tiempo y en que, tanto en el mundo online como en el offline.

    Muchisimas Gracias por el aporte!

  25. Álvaro RG febrero 22, 2017 en 2:58 pm #

    Hola:

    El artículo es muy interesante y me hace plantearme, como en tantas ocasiones, cómo afectan mis diferentes filtros y mi mochila cultural y de vivencias en la perspectiva e interpretación que hago de algo, como el programa o tu propio artículo.

    La ludopatía tardó mucho en contemplarse como enfermedad y son, precisamente, las asociaciones de ludópatas rehabilitados, las primeras en alzar la voz ante el riesgo del uso de tecnología sin control. Cuando hablas del efecto de la dopamina, ¿no estás hablando indirectamente de una adicción potencial?

    Trabajo con jóvenes y, efectivamente, contemplo el móvil como una herramienta, pero también detecto ese «uso abusivo» del que hablas, que demasiadas veces imposibilita que se le saque provecho al aparato. Ese uso abusivo, puede venir motivado, como dices, por mil razones, pero creo que sí hay que incorporar la adicción a esa lista, y en un puesto relevante.

    En el programa hablan de reacciones agresivas que, según tú, tienen todos los adolescentes. No lo creo así: creo que hay una diferencia sensible entre una rabieta de adolescente cuando le apagas la televisión, la videoconsola o le quitas el móvil, y un síndrome de abstinencia, un echar en falta que altera tus nervios, no por adolescente, sino por el enganche que tienes. El adicto al tabaco se pone nervioso y se siente inseguro sin su cigarro. Y algo así nos pasa si somos adictos al móvil. ¿O no? El abuso es el exceso de tiempo ante el aparato, pero ¿cómo describes la NECESIDAD de invertir ese tiempo en el teléfono? El empresario del inicio del programa, aún siendo parte interesada, creo que está siendo bastante objetivo y no viste de adicción el uso del móvil, sino unos comportamientos muy concretos y una sintomatología específica de las adicciones.

    Seguiré pendiente de la discusión y de tu blog, que me parece un gran descubrimiento.

    ¡¡Saludos desde Pucela!!

  26. Ramon febrero 22, 2017 en 6:59 pm #

    Estoy de acuerdo en que una cosa es “adicción” al móvil y otra es “adicción” a los contenidos del móvil.

    Además, seria “fácil” demostrarlo: Coges a un supuesto adicto al móvil, se lo quitas, pero al lado le dejas disponible un ordenador, con internet, con Whatsapp, Twitter, Instagram y todo lo que se os ocurra.
    Ignorando la pataleta inicial, a nadie le gusta que le quiten algo, veo dos sucesos posteriores:
    Opción 1) sigue con la pataleta -> posible “adicto” al móvil
    Opción 2) Se va al ordenador -> quizás estamos delante de una “adicción”, pero está claro que no del móvil

    … y yo me atrevería a decir cuál de las dos opciones sería la que más sucedería.

  27. Ariadna C. febrero 24, 2017 en 6:39 pm #

    Me ha gustado mucho el artículo. Estoy de acuerdo con casi todo y en especial con:

    “Eso no quita que haya que educar en la desconexión, la empatía y el autocontrol. Pero también hay que educar en la conexión.”

    Me parece una observación muy acertada, porque en general no deberíamos tener ningún problema con que la gente use el móvil para distraerse, mandar mensajes a amigos o correos relacionados con el trabajo. El problema llega cuando habiendo quedado con alguien para charlar, ese alguien no pueda dejar el móvil en paz ni un minuto. Y eso pasa por (1) una fuerte conexión con el móvil, internet y otros, (2) falta de empatía con la gente que se ha tomado la molestia de quedar contigo y prestarte atención y (3) falta de autocontrol para dejar el móvil, sus distracciones y mensajes para cuando estés solo.

    En mi experiencia, estas situaciones se dan mucho más en grupos, ya que la atención de todos queda inevitablemente más diluida que en una conversación entre dos personas, y es entonces cuando ese alguien más «adicto» aprovecha para sacar el móvil. El problema también reside en que ese alguien no tiene consciencia de que es mucho más importante estar presente o de que es una falta de respeto para los demás el hecho de que no lo esté. En mi opinión, si no puedes dejar el móvil en paz cuando quedas con amigos (u otros) o no eres capaz de decir «Perdón gente, dadme dos minutos, que tengo que responder a un mensaje urgente.», no es que tengas una adicción, eso es que tienes muy poca empatía y respeto por tus amigos, su tiempo y su compañía.

    Además, creo que tenemos (y en especial los adolescentes) muy inculcado el discursito que canta «Ai, es que pasas de mi!» cuando solo han pasado cinco o diez minutos desde que te escribieron. Curiosamente, eso es algo que decimos, o algunos dicen, mucho más para los mensajes de móvil que para cuando alguien «pasa de ti» en persona. Puede que al final, decirlo en persona sea el último recurso que nos queda por usar para que amigos, conocidos o familiares empaticen, conecten y, por fin, prioricen el hecho de estar presente.

  28. Gonzalo marzo 3, 2017 en 3:57 pm #

    Seguro que en los años 80 cuando aparecieron los primeros ordenadores personales (Apple, IBM, clónicos) hubo el mismo debate y aquí sigue la humanidad existiendo.

  29. Cris marzo 8, 2017 en 9:29 pm #

    Estoy en desacuerdo con gran parte de tu artículo y lo que pretendes criticar. Puedes utilizar las palabras que creas convenientes para describir un comportamiento dañino y el hecho de tener o no tener una desviación comportamental catalogada como enfermedad no aporta necesariamente soluciones. El problema existe, da igual que lo llames “adicción al móvil”, “interes extremo por la tecnología” o “falta de adaptación social”. Hace tiempo la homosexualidad estaba catalogada como enfermedad mental. (anda ya!)

    Tener una hija de 12-13 años capaz de no soltar el móvil ni un minuto durante 8 horas seguidas si se le deja no es algo que haga feliz a ningún padre. Si hace falta definir una edad a partir de la cual se le puede dejar un móvil a un niño sin tener que preocuparse del uso que le va a dar, encontradla los que os dedicais a este tipo de estudios y luego imponedla! No hace falta catalogar ninguna enfermedad más por eso, como tampoco hace falta declarar enfermo a un niño de 7-8 años para no dejarlo conducir un automóvil.

    Por último, te dejo un artículo relacionado aunque no tanto:
    http://www.telegraph.co.uk/news/health/11345412/Inside-the-Chinese-boot-camp-treating-Internet-addiction.html

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