¿Por qué nos reímos (o no) con un chiste sobre Ortega Lara?

Imagina estas dos situaciones.

Situación A: Antes de morir, el padre de Carlos le pidió a su hijo que le incineraran. Luego le dijo a Carlos que hiciera lo que él quisiera con las cenizas. Carlos decidió enterrar las cenizas de su padre.

Situación B: Antes de morir, el padre de Carlos le pidió a su hijo que le incineraran. Luego le dijo a Carlos que hiciera lo que él quisiera con las cenizas. Carlos decidió esnifar las cenizas de su padre.

A continuación responde a las siguiente preguntas para cada escenario. ¿Está mal el comportamiento descrito en esta situación? ¿Te parece graciosa esta situación?

Más o menos así comienza uno de los estudios psicológicos más famosos que se han realizado sobre los límites del humor y que sienta las bases de lo que se conoce como benign violation que aquí traduciré como transgresión benigna. El estudio se publicó en el año 2010 en Psychological Science por A. Peter McGraw y Caleb Warren, profesores de la Universidad de Colorado. En él se plantean varias preguntas a los sujetos del estudio, entre ellas la que encabeza este artículo.

El 82% de los sujetos afirmaron que estaba mal esnifar las cenizas del padre. El 38% dijo que les hizo reír y lo que es más importante, un 29% dijo que estaba mal y que les hizo reír. El hecho de que Carlos decida enterrar las cenizas le pareció mal a un 6% de los sujetos, a un 5% les hizo gracia y absolutamente nadie respondió que sí a ambas cuestiones.

¿Qué demonios está pasando y por qué narices saco este tema en un blog sobre tecnología e Internet?

Los límites del humor

La conversación sobre los límites del humor lleva un tiempo salpicando artículos y reflexiones principalmente por parte de cómicos. Un gran ejemplo es esta entrevista con tres cómicos que han supuesto un antes y después en la historia del humor en España: Javier Cansado, Joaquín Reyes y David Broncano.

Sin embargo, el tema lleva con nosotros desde que el chiste el chiste. Quizás la llamada Ley Mordaza donde en su artículo 37.4 se establece como infracción Las faltas de respeto y consideración cuyo destinatario sea un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el ejercicio de sus funciones de protección de la seguridad, cuando estas conductas no sean constitutivas de infracción penal echó leña a un fuego que nunca acabó de apagarse. Los casos en los que se llevaron a juicio (o se trató de llevar) chistes sobre Carrero Blanco o sketches donde un cómico hace como que se suena con la bandera de España le dieron la excusa a Campofrío para resumir la situación actual en un spot navideño que sorprendentemente, dado que las leyes emanan del pueblo, tuvo mucha aceptación en el pueblo.

Pero aunque no conozco a casi nadie que no comparta el espíritu de Campofrío, las posiciones son distintas cuando se comentan casos como el de Robert Bodegas haciendo chistes sobre gitanos o, ya la semana pasada, la polémica causada porque Movistar retirara de su plataforma un monólogo de Iggy Rubín en el que se hacían varios chistes sobre Ortega Lara.

Este debate público se ha tenido a menudo en el ámbito legal, político o simplemente artístico pero llevo unos cuantos meses pensando por qué no se ha tenido desde el psicológico. Quizás si entendemos mejor la anatomía de un chiste y el origen del mismo podamos tomar decisiones más acertadas a la hora de ejercer de censores.

Reírse de la tragedia

Las teorías recientes sobre el origen del humor hablan en mayor o menor medida de tres circunstancias.

  • La primera es que el humor es provocado a menudo como reacción ante una amenaza, la infracción de una norma o el acceso a contenido tabú. Según el trabajo empírico el humor también campa a sus anchas ante muestras de agresión, hostilidad y menosprecio.
  • La segunda, y que para hacerte estallar la cabeza contradice lo anterior, es que el humor se da en contextos percibidos como seguros, de juego, informales o benignos.
  • La tercera condición para que se dé el humor es la que pone de acuerdo a las dos anteriores: diversas teorías apoyan la idea de que para que algo haga gracia debe existir bisociación, simultaneidad de conceptos o incongruencia. El humor requiere que dos ideas contradictorias sobre lo mismo se den simultáneamente. Los chistes basados en juegos de palabras son un buen ejemplo de esta condición.

Estas tres condiciones, a diferencias de otras teorías sobre el humor, son extensibles a muchas áreas de la humanidad… o incluso fuera de ella. Los primates se ríen peleando o haciéndose cosquillas como niños pequeños pero siempre y cuando el entorno sea seguro.

La hipótesis de la infracción benigna sostiene que para que exista humor deben darse las tres condiciones: una situación debe percibirse como una infracción, la misma situación debe percibirse como benigna y ambas ideas deben coexistir.

Desde el punto de vista evolutivo, una infracción supone una amenaza para las creencias de la persona que la presencia. Podemos hablar de infracciones físicas (cosquillas o Ignatius Farray lamiendo pezones), psicológicas (insultos, sarcasmo o South Park), sociales (tirarse un pedo en público o todo The Office), culturales (reírse de acentos o razas o el monólogo de Bodegas), linguísticas (juegos de palabras o gran parte de los sketches de Martes y 13), lógicas (absurdos o Miguel Noguera en toda su existencia)

Pero insistimos, ninguna de estas cosas tiene gracia si no se percibe la situación como segura. Esto es:

  • que aunque haya una norma que diga que está bien exista otra simultáneamente que diga que está mal
  • uno no esté fuertemente ligado al cumplimiento de la norma
  • la infracción resulte psicológicamente distante

La teoría de las infracciones benignas sugiere que todo lo que amenaza nuestro sentido de cómo debería ser el mundo será humorístico siempre y cuando la propia amenaza sea percibida como manejable.

De la teoría a la práctica

Los resultados del estudio que apoyan la hipótesis no tienen desperdicio pero sólo con esta base podemos entender mejor lo que ocurre cuando Ignatius Farray lame pezones en público o libra una pelea como pollito de Troya con una persona que va de público a la vida moderna.

¿A quién le puede resultar gracioso que un desconocido le asalte para chuparle un pezón? Existe una violación de una regla establecida, y tanto que existe. Pero Ignatius no lo hace que sepamos a salto de mata sino en un contexto determinado, un contexto percibido como seguro (el estudio de la Vida Moderna o un show) donde de hecho la risa más grande es la del público que no ha subido al escenario para formar parte porque su sensación de seguridad es aún mayor. Esa combinación de “esto no se puede hacer pero jijijiji, lo hace y sé que al final no va a pasar nada” es explosiva, liberadora y sobre todo graciosa.

En la entrevista de GQ Joaquín Reyes dice que quizás ahora no hubiera emitido un sketch antiguo en el que en una parodia del diario de Patricia se forzaba a una chica a volver con su novio acosador. Concretamente:

J.R.: Claro. Y ella es forzada a volver con esa persona. Y si decía que no, se la ponía en un aprieto. Eso es algo sobre lo que ahora no bromearía, pero por aquélla hicimos ese sketch torpe. Creo que ahora se interpretaría mal y no lo hago. Hemos evolucionado como sociedad, eso es algo evidente. Y por eso hay chistes que hoy no se hacen.

No es que el chiste se interpretara mal, el chiste se interpretaría igual pero la percepción de seguridad sobre la amenaza es distinta, es lo que ha evolucionado. El matiz es importante, no creo que un chiste se pueda interpretar bien o mal, no creo que haya que “entender” los chistes: los chistes se viven y generan una reacción de risa, de rechazo o de indiferencia.

Como el propio Joaquín añade más adelante:

J.R.: Tú puedes hacer bromas sobre casi todo dependiendo del enfoque. También de la complicidad. Hay gente que es cómplice del chiste y éste pasa el corte.

En la entrevista de GQ se hace referencia a menudo a la responsabilidad del cómico sobre sus chistes. Pero no subestimemos este trabajo o dicho de otro modo ¿por qué se dice que es más fácil el drama que la comedia? Porque en el drama te quedas con la parte de la infracción pero el cómico es un malabarista que necesariamente tiene que romper una norma para hacer reír, pero a la vez tiene que ser capaz de percibir si su audiencia ve la infracción como segura y para más inri debe hace funambulismo con ambos conceptos para que estén en todo momento equilibrados.

D.B.: Yo tengo una broma que va en contra de adoptar perros. Yo no pienso así, pero es algo que genera un clima porque la gente se tensa. Me meto con las perreras, hablo mal de los animales… es algo que provoca una tensión divertida.

J.R.: Es divertido porque la gente entiende que ése no es tu mensaje, que estás provocando.

La distancia y el tiempo

Platón decía que el humor era la mezcla entre dolor y placer. Mark Twain dijo en un frase célebre que el humor es comedia más distancia. Vivimos en una sociedad donde se hacen bromas sobre el holocausto, puede parecer que si somos capaces de reírnos de una las tragedias más grandes del siglo XX podemos reírnos de cualquier cosa… siempre que haya la distancia suficiente.

El espacio psicológico que ponemos ante una broma puede ser geográfico (cuanto más lejos mejor), social (mejor sobre un grupo social con el que no nos identifiquemos) o jugando con dimensiones de la realidad (real vs ficción). Que alguien esnife las cenizas de su padre puede ser gracioso si ocurre en Japón o si no es familiar nuestro o si lo vemos en una peli de Ben Stiller. Siempre y cuando no te ocurra a ti, vamos.

Pero aunque sea tu hermano al que le ha dado por esnifar las cenizas todavía puede llegar a hacerte gracia la situación si pasa el tiempo suficiente.

Y aquí está el primer girito chulo de nuestra historia. En una investigación más reciente Peter McGraw comprueba que, efectivamente, el tiempo permite que determinados tweets humorísticos sobre el huracán Sandy no hacen maldita gracia en pleno vendaval pero pasado un tiempo se empiezan a percibir como graciosos.

La vuelta de tuerca viene porque esto no es así hasta el infinito: llega un punto donde los chistes vuelven a dejar de hacer gracia. En la comedia, hay un periodo de tiempo dulce donde los chistes maximizan su potencial. Pasado el suficiente tiempo la distancia psicológica es tal que la amenaza desaparece o se reduce considerablemente y recordemos, si no hay amenaza el chiste no hace gracia.

J.R.: Claro. A nadie se le debe meter en la cárcel por un chiste, pero sí tenemos que ser responsables de nuestras bromas. No podemos ser nostálgicos de paraísos perdidos como pueden ser los chistes de mariquitas y gangosos. Esos chistes ya no se hacen… porque no se deben hacer.

Muchos de estos factores nos ayudan a entender qué ha pasado con los chistes sobre Ortega Lara.

  1. A muchos les puede hacer gracia porque se dan las condiciones óptimas de “no se pueden hacer chistes sobre víctimas de terrorismo pero estoy en un entorno donde no se fomenta el terrorismo”.
  2. A muchos les puede no hacer gracia porque sí que viven en un entorno donde se fomenta el terrorismo, han tenido familiares víctimas o sencillamente no tienen la distancia necesaria ante la infracción que compense la gravedad de la misma.
  3. A finales de los 90 recuerdo oír de forma frecuente chistes sobre Irene Villa o ETA. A finales de los 90. Quizás ese momento dulce de catarsis del humor ya pasó y estamos en ese momento donde las bromas de este tipo simple y llanamente han dejado de hacer gracia a algunas personas.

El segundo girito

Otro elemento que me ha llamado la atención de los experimentos de McGraw es que una chiste hará más gracia cuanto más fuerte sea el choque entre lo que está bien y lo que no. En referencia al experimento sobre el esnifado de las cenizas:

Interestingly, participants who interpreted the behavior as both wrong and not wrong were significantly more likely to show signs of amusement than participants who interpreted the behavior as strictly wrong or strictly not wrong.

De entre aquellas personas a las que le haga gracia el monólogo de Bodegas sobre los gitanos, aquellas que no son racistas se reirán más que aquellas que son racistas.

Esta idea me fascina y está bien detallada al final del artículo Psychology behind the unfunny consequences of jokes that denigrate a raíz de un gag de Chris Rock en los Oscar bromeando sobre el racismo. La gente que tiene mayores prejuicios tiene más problemas para disfrutar del humor. En otro estudio analizó diversas reacciones sobre la serie de TV estadounidense All in the Family donde un personaje, Archie Bunker, suelta sentencia prejuiciosas sobre judíos y otros colectivos.

El estudio encontró que aquellas personas que compartían los prejuicios de Archie se reían con la serie, pero simplemente por la forma en la que Archie expresaba los prejuicios. No eran conscientes de que realmente el personaje de Archie era el objeto de los chistes. Aquellos que eran capaces de apreciar el caracter subersivo de la serie dado que no compartían los prejuicios de Archie eran los que más la valoraban.

No se me ocurre mejor ejemplo que Los Simpsons para traer el experimento a nuestros días y recuperar la noticia del calendario que el ayuntamiento de Castelló ideó para combatir los estereotipos que supuestamente transmite la serie.

Los estereotipos y, en consecuencia, las personas que los crean son el objeto del chiste de una de las series más hilarantes y revolucionarias socialmente de la historia. Los Simpson no promueven que todos los indios son como Apu (como si fuera malo por otro lado, dado que es uno de los personajes más dulces de la serie) sino que, generalmente a través de Homer, se ríen de los que piensan que todos los indios son como Apu.

Quizás es el propio prejuicio de determinadas personas que buscan erradicarlo es el que lastra el éxito de la broma.

Ojo, en el mismo artículo se cita otro estudio que hace referencia al impacto que tienen en la sociedad las bromas denigrantes aún con el socorrido “soy un pachacho, no es lo que pienso, era sólo un chiste”.  Pero al mismo tiempo, como el caso de Cris Rock o Los Simpson, el impacto que tiene un chiste que aunque con menosprecio saque a la palestra el absurdo de los estereotipos y el prejuicio tiene por sí solo el potencial de romper este prejuicio.

Cómicos con superpoderes

Como he mencionado antes, el cómico en la era de las redes sociales se ha transformado en un funambulista al que le cambiamos la longitud y grosor de la cuerda sobre la marcha. Y así, se cae.

Si como cómico voy a hacer una broma, inconsciente o conscientemente estoy midiendo el equilibro entre la infracción y la distancia de seguridad ante la misma en mi audiencia. Para ello necesito hacer suposiciones sobre sus afiliacaciones, sobre sus lugares de origen y sobre su apego a determinadas convenciones. Las redes sociales cambian la audiencia del cómico.

Cuando hablamos de la importancia de entender el contexto de un monólogo hablamos del público, del espacio físico y hasta de intangibles emocionales que se generan a través de una conexión entre orador y audiencia.

Mi chiste favorito de La Vida Moderna ocurre cuando David Broncano le pide a un conductor de autobús que conduzca al Valle de los Caídos dibujando una esvástica en el mapa con la ruta.

Dicho y leído así, cambiando el contexto, no se puede ser más ofensivo. Sin embargo, para cualquier fan del programa de la SER que haya seguido el programa desde sus inicios, que supiera que ese era un programa especial, que conociera la mayor parte de las bromas internas y recurrentes del trío de cómicos el chiste tiene el combo perfecto: rompe la norma de hablar sobre el nazismo, lo hace un momento temporal donde la exhumación de Franco lo pone de actualidad manteniendo una distancia temporal frente al franquismo, mantiene un espacio seguro porque sabemos perfectamente que Broncano no es nacionalsocialista ni negacionista y por mi parte tengo una posición política que me permite considerar la infracción ni demasiado salvaje ni demasiado banal. La colisión de todos lo factores me provocó una carcajada tremenda.

A mí.

En ese preciso instante, otra persona, en otro lugar de España ve el vídeo en YouTube y se lleva las manos a la cabeza.

Big Bang Theory es una de las comedias más populares de la última década pero a mí no me hace ni puñetera gracia y como tito Dayo opino que es una basura. Creo que es una serie donde directamente se ríen de los frikis, cada vez que un personaje hace algo muy friki ponen risas enlatadas y JAJAJAJA míralo, dice cosas que no entiendo, JAJAJA. Mi corazoncito de geek sufre con cada ridículo de Sheldon porque no creo que haya esa vuelta de tuerca que tienen los Simpson con, por ejemplo, el dependiente de la tienda de cómics o Community con Abed.

En ese preciso instante, otra persona, en otro lugar de España ve el vídeo de Big Bang Theory y se parte el culo.

Un chiste que no ofende a nadie no es un chiste.

No es una frase hecha, es la base de la teoría de las infracciones benignas. Si no se rompe la norma, si no hay amenaza, si no hay riesgo no hay chiste. Insisto en la idea, esto no implica ofender por ofender, se deben dar otras dos condiciones para que haga gracia. Pero es que cuando un chiste ofende sin buscar ningún tipo de tensión, cuando un machista hace un chiste sobre que el lugar de la mujer es la cocina porque realmente así lo cree, el chiste es malo y hasta ejerce una función social de aislamiento de ese individuo. Si el chiste es malo el chiste no se hará viral.

Si el chiste es malo, el chiste se muere. No hace falta que nadie lo mate.

De hecho, siendo Iggy un cómico muy fino en mi opinión, las bromas sobre Ortega por las razones descritas no funcionan al mismo nivel que otras y el mismo había pasado desapercibido a un espectador asiduo de la Resistencia como yo. Fue el propio efecto Streissand de la movida el que me hizo verlo. Es decir fue la propia autocensura de Movistar la que dio viralidad a los chistes, ellos por sí mismos y quizás porque no eran los más brillantes no habían conseguido que el tema saltara al ámbito popular. Ojo, lo mismo pasó con Bodegas (su monólogo es de hace mucho tiempo, fue una reemisión la que encendió la mecha).

La única forma de que todo el mundo se ría con un chiste es que todo el mundo se sienta igual de ofendido y al mismo tiempo todo el mundo comparta un espacio seguro. Van dos en la moto y se cae el del medio ad nauseam.

Conclusiones

Si has leído hasta aquí supongo que apreciarás que mi postura es que no puede haber límites para el humor porque el humor tiene intrínsecamente sus límites. Si funciona es porque la ofensa no ha sobrepasado la sensación de seguridad. Si lo hace, no es humor, es una ofensa.

Dadas las dificultades que tiene mantener este equilibrio cuanto más grande y heterogénea sea una audiencia o se censura todo el humor o la censura del humor por tildarlo de propaganda se puede transformar en una herramienta de propaganda política mucho más dura.

Cuando un chiste te quema y encima ves a otros a carcajada suelta tu reacción va a ser defensiva. Si tienes el poder para censurarlo tu cuerpo te pedirá que lo hagas. Pedirte que recuerdes cómo el último chiste que te hizo gracia, del mismo modo, le quemó a otra persona que a lo mejor tiene menos poder que tú para censurarlo entra en el terreno de lo legal y lo filosófico. Por ello no tengo mi postura tan clara. De hecho, si queréis romper un poco la cámara de eco, este artículo de Tsevanrabtan de hace tiempo sobre los tweets de Strawberry es más pro intervención.

Pero la decisión política o legal de impedir que un grupo disfrute de la comedia porque otro grupo no entiende la comedia debe tener en cuenta hasta qué punto quiere risas en su sociedad. El humor siempre ha jugado un rol crucial en nuestra civilización y ayuda a la gente a lidiar con el duelo, el conflicto y las críticas. Si bien no está tan claro que tenga un impacto físico en la salud de la gente, como mecanismo de defensa para liberar ansiedad y estrés, la comedia sigue abriéndose paso en estudios empíricos.

Poca broma.

Referencias

Benign Violations: Making Immoral Behavior Funny – A. Peter McGraw, Caleb Warren – Association for Psychological Science [PDF]

The Rise and Fall of Humor: Psychological Distance Modulates Humorous Responses to Tragedy – A. Peter McGraw, Lawrence E. Williams, Celeb Warren – Social Psychological and Personality Science

When are jokes about a tragedy funny – Scientific American

Psychology behind the unfunny consequences of jokes that denigrate – The Conversation

Awfully funny – Psychological Science

Archie Bunker’s Bigotry: A Study in Selective Perception and Exposure – Neil Vidmar Milton Rokeach  – Journal of communication

The Psychology of Transcending the Here and Now –  Nira Liberman, Yaacov Trope – Science

Locating the “sweet spot” when jokes about tragedy are seen as funny – British Pyschological Society

Effect of humor on state anxiety and math performance – THOMAS E. FORD, BRIANNA L. FORD, CHRISTIE F. BOXER,
and JACOB ARMSTRONG – International Journal of Humor Research

 

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